ESPECIAL DEL BAF: ANABELLA ZOCH


PRESENTÓ “RAÍCES ARRANCADAS” EN BUENOS AIRES.

La cantora bonaerense de San Nicolás de los Arroyos estrenó en el Centro Cultural Torquato Tasso, de San Telmo, el material que marca su retorno a la República Argentina.

Fernando Pedernera
BAF-RNA


Revelación en el Festival de Cosquín de 1996 y Consagración en el Festival de Baradero, cruzó el Atlántico y vivió más de una década en España, donde realizó una importante carrera que la llevó a grabar dos discos (“Canto”, 2004, grabado en Sevilla, y “Merece lo que sueñas”, 2007, grabado en Madrid) y pisar los escenarios más importantes del Viejo Continente.
Arraigada nuevamente en la Argentina, la cantora se despacha con “Raíces Arrancadas”, un disco destinado a perdurar.
El clima previo al inicio del recital es distendido. Entre las presencias en el lugar se advierten la del embajador argentino en Chile, Ginés González García, la de la cantora tucumana Adriana Tula, y la de un importante “contingente” familiar llegado desde los pagos mismos de la cantora.
La luz de las velas impide la oscuridad total del salón cuando baja desde el escenario una base rítmica de palmas y percusión encabezada por Lucho González, el notable guitarrista peruano, quien es además el director musical del disco a punto de desgranarse. Completan la escena el solvente bajista Lucas Bianco, y los destacados percusionistas Hubert Reyes y Martín González Puig.
El concierto se enciende  con una impactante versión de la cueca “La jardinera”, de Violeta Parra, que en el disco cuenta con la participación de Raúl Tilín Orozco en guitarrón.
Prosigue con la buena interpretación del bolero de Ernesto Duarte Brito, “Cómo fue”, de suspirado final, recurso que le permite a la cantora hacer más propio el escenario que a partir de ese momento dominará con verdadero oficio.
Sobreviene una invitación para salir a pasear y el primer destino es trasandino, con la canción “Si vas para Chile”, de Chito Faró que, merced al arreglo de Lucho González, pareciera “acuecarse” sobre el final.
El clima ya está creado. Anabella continúa con su “Tonada del Sol para mi Madre”, quien se encuentra presente en la sala, y que provoca la emoción en otra mesa cercana al escenario.
Y llega un momento alto del recital: “Cardo o ceniza”, el vals peruano de Chabuca Granda, “enseñanza de Lucho González”, reconoce, a la vez que destaca la trayectoria del guitarrista con su recordada compatriota, así como con Mercedes Sosa y Ana Belén, por citar solo algunas de las personalidades con las que “hizo música”. Se luce el bongó de Hubert Reyes.
El periplo que conduce Zoch nos traslada desde Perú hasta Brasil, donde Chico Buarque de Holanda será citado en tiempo de bossa nova con una memorable versión de “Oh qué será”, grabada con su admirado Manuel Wirtz en el disco pero compartida en esta ocasión con Lucho González, en canto.
Es precisamente el guitarrista quien invita a subir a Leo Sujatóvich, para crear un momento íntimo con la “Zamba de Usted”, de Ariel Ramírez y Félix Luna.
“Leo Sujatóvich fue el primero que me abrió la puerta cuando regresé a la Argentina”, recuerda Anabella antes de sumarlo a la banda para registrar la guarania de Zulema Estela Mirkin y Demetrio Ortiz “Recuerdos de Ypacarai”, de deliciosa factura.
Anabella Zoch despliega una batería de recursos que la muestran como la artista completa que es. Pasea por lugares y ritmos que parecieran pertenecerle. Canta, dice, frasea, actúa cada obra.
Continúa con su zamba “Justo ahora”, que le grabara para siempre, su amiga, la recordada Tamara Castro.
“Un tercio de mi vida lo pasé en España”, introduce. “Quiero mucho a ese país”, añade. Y confiesa cantando “Te quiero más que a mis ojos”, para que sobresalga la bailaora Hebe Sacco.
Un repleto Centro Cultural Torquato Tasso recibe hasta una “cátedra” de Lucho González: “Los tres tiempos llegaron de Europa y se apoderaron de la forma de tocar”, memora.
Y suena otro vals peruano: “Que somos amantes”, de José Escajadillo.
Es inútil buscar un parecido con alguna de las grandes cantoras de la música popular. Porque comparte condiciones y nunca deja de ser Anabella Zoch.
El show ha ido in crescendo hasta llegar al cénit en la recreación de “El Beso”, vals de Pedro Aznar y de Lucho González que se manifiesta en un destacado dúo de cajones peruanos, en el virtuosismo del bajo, el lucimiento del piano y el consistente recato de la guitarra, pulsada nada menos que por uno de los autores de la obra con la cual la presentación “empieza a terminar”. La alegría sobre la escena es total y se nota. El público se suma con las palmas.
Todavía falta “Raíces arrancadas”, la chacarera de Anabella Zoch que da nombre al material que se está presentando y que pinta sus años en fuera de su San Nicolás. Porque “el que se va anda la vida de raíces arrancadas”. Aunque esta noche la Zoch sienta que no se tiene que arrancar porque al regresar a su tierra ha tenido que dejar de andar “buscando un sonido que le recuerde al paisaje”.
-“Si no fuera por Ustedes, los artistas… Y si no fuera por los artistas, Ustedes…”, reflexiona Lucho González sobre el final del concierto.
Y llegan los bises. Con la mención, el reconocimiento y el aplauso para Eladia Blázquez, suena el tango “Siempre se vuelve a Buenos Aires” en piano guitarra y voz. Como “si algún poeta la hubiera inventado para ella”.
Y vuelve a escucharse “Raíces arrancadas”, acaso porque Anabella Zoch necesite expresar y recordarnos que “el que se fue anda la vida creando Patria en las cosas”.
Bienvenida de vuelta. Y por mucho más…


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