CULMINÓ LA SÉPTIMA NOCHE Y LA LUNA SE ATREVIÓ A SALIR.


Fernando PEDERNERA
Radio Nacional Bs. As.


(Cosquín, Córdoba, 30/01/2009 – RNA) Se podría hablar de una “Luna redonda”, por lo sucedido sobre el escenario y por la respuesta del Público. Pero, sobre el cielo, nos tuvimos que conformar con apenas, una pequeña sonrisa que el cuarto creciente le imprimió al estrellado firmamento.

Y casi como la Luna que, por primera vez desde que comenzó el Festival, salió de su ocultamiento y se dejó ver, irrumpió a capella el “Canto de Dos Orillas” de Teresa Parodi y Liliana Herrero, en el día del vigésimo quinto aniversario de la Consagración de la correntina

El show se inició con “Piedra y Camino”, de Atahualpa Yupanqui, y luego llegaron los chamamés “Esa musiquita” y “Canto Labriego”, el huayno “Celedonia Batista”, todos de Teresa; la vidala “Caminito”, de Fernando Barrientos; la chacarera de Pepe Núñez y Juan Falú “Zoncko querido”; el chamamé de Jorge Fandermole “Oración del Remanso”, la milonga “El violín de Becho, de Alfredo Zitarrosa; la baguala “Y arriba quemando el sol”, de Violeta Parra; y el huayno de Parodi “La canción es urgente.

Cuando el público las bañó con su ovación entonaron la misma zamba con la que habían comenzado pero en una versión mucho más sólida que la anterior -porque se habían conectado con la concurrencia, habían dado cátedra sobre el “swing en el Folklore” y habían disfrutado a más no poder sobre la escena- que fue merecedora de una sonora y sostenida ovación.

Acto seguido, el poeta y cantor riojano Pancho Cabral, que invitó a compartir la presentación a la salteña Mariana Carrizo, prodigó, de su propia factura, son riojano, vidala, zamba y chacarera.

Luego subió al Atahualpa Yupanqui la cordobesa Suyay, nombre que en quichua quiere decir “Esperanza”, y a su tiempo la sanjuanina Claudia Pirán.

La excelente cantora cuyana entusiasmó en el arranque con la cueca “Corazón”, de Saúl Quiroga, y emocionantes interpretaciones de la “Zamba del Carnaval”, de Leguizamón, y “Volveré siempre a San Juan”, de Armando Tejada Gómez y Ariel Ramírez, pero sorprendió con su versión en forma de huayno de “Chiquitita”, del cuarteto sueco Abba, celebrado por la multitud.

Posteriormente el escenario se convirtió en un corazón pampeano que latió al compás del espectáculo “La Pampa es un viejo mar”, título tomado de la milonga de Ricardo Nervi y Alberto Cortez, y en el que brillaron, por momentos pese al sonido, Delfor Sombra, Edith Rosseti, Lalo Molina y el Dúo Libre Sur.

La despedida del conjunto fue por la bella huella “De ida y vuelta”, de Molina y Yacomuzzi, que la gente saludó agradecida.

Más tarde, la danza se abalanzó sobre el escenario “de los pies” de Jorge “Koki” y Carlos “Pajarín” Saavedra, quienes a fuerza de chacareras y zamba bajaron aplaudidos del escenario.

Fue luego de ello que le tocó subir a escena al sanjuanino Gustavo Troncozo, ganador del Certamen Pre Cosquín en el rubro Solista Vocal masculino, que satisfizo de sobra las expectativas de los cuyanos con una tonada de Martín Troncozo y una cueca de su propia autoría.

Y después la Plaza fue por instantes del Dúo Coplanacu, de notable actuación, que repasó su trayectoria a través de un repertorio santiagueño que incluyó chacareras, vidala y gato, para cerrar con toda su “Alma Chayera.

La plaza rugía y pedía más. Y fueron Arbolito y La Chiringa los que con una estética roquera hicieron delirar a un público que no paró de aplaudir hasta concluida la potente versión “folklorizada” de “El pibe de los astilleros”.

Con el ánimo encendido se presentó sobre el escenario Atahualpa Yupanqui el cordobés Sebastián Coronel con una rutina que incluyó las chacareras “Chackay Manta”, de los Hnos. Ábalos y Ledesma, y “de las piedras”, de Atahualpa Yupanqui, y el motivo popular de Ariel Ramírez y Félix Luna “Antiguo dueño de las flechas”.

El aplauso prodigado por la concurrencia se mantuvo para con la Delegación Provincial de Santiago del Estero, que convirtió al coscoíno tablado en una verdadera Salamanca.

La séptima luna se comenzaba a acercar al final cuando la local Paola Bernal conmovió a propios y a extraños con sus versiones de “Nacimiento”, del Chango Farías Gómez, “Corazón de lechiguana”, de Marcelo Ferreira y Onofre Paz y una personal interpretación de “La colina de la vida”, de León Gieco.

Fue tiempo, entonces, de Joel Tortull, que con su teclado y sus acompañantes abordó un repertorio de chacarera y tangos, muy celebrados por la concurrencia que apuraba por ver a su artista preferido: León Gieco.

Y cuando la Plaza Próspero Molina fue del santafesino de Cañada Rosquín, realizó tres temas para la televisión y, con las cámaras ya apagadas desarrolló el recital que había motivado su presencia en el cierre de la séptima luna: Mundo Alas, un proyecto realizado por jóvenes con capacidades diferentes que incluye disco, libro y película. Y que se siguió rodando sobre la escena del Festival.

Luego de las presentaciones de rigor, el músico fue invitando a los chicos y con ellos repasó clásicos de su repertorio.

Se destacaron Carina Spina, Maxi Lemos, Ale Davio, Pablo, Pancho Chévez, el Ballet AMAR, por orden de programa, y los pintores que lograron emocionar y hacer reflexionar a los asistentes que volvieron a colmar la plaza, únicos testigos que pudieron apreciar la fuerza de voluntad y la entrega sin mezquindades de esos particulares artistas.

Decíamos al comienzo de esta crónica que fue una jornada redonda. Por lo entregado desde el escenario y por el respeto con que el público tomó cada propuesta.

La octava luna se asomará un poco más y faltará menos para la noche de los adioses. Sin olvidar, claro, que todavía quedan tres lunas por disfrutar.

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