ESPECIAL DEL BAF


Orozco-Barrientos dieron a catar su “Álbum Tinto”
En el Café Vinilo el dúo también repasó los antecesores “Celador de Sueños” y “Pulpa”. Y ante la inesperada demanda, debieron agregar otra función.
Foto: Pablo Lizardo

Buenos Aires, 27 de julio de 2012 (BAF-RNA) Tras una primera presentación a sala llena, 40 minutos más tarde de lo anunciado una voz institucional del Café Vinilo emergió de la semioscuridad para dar la bienvenida.
Dos minutos más tarde, los esperados artistas ganaron la escena.
Como cuyanos galantes que son, los mendocinos Fernando Barrientos y Raúl “Tilín” Orozco iniciaron el recital con su tonada “Pensando en ella”, “dedicada para todas las damas”, según manifestaron.
Le siguieron “Caminito” y una “tonada tipo culpa: Camino a Maipú”, según previnieron. 
Y ocurrió el primero de los varios abrazos que esos compadres cuyanos se darían a lo largo de su entrega, celebrada in crescendo por un público poco habituado a las expresiones de la Cuyanía pero que no por eso se rehusó a disfrutar. Porque Orozco-Barrientos se divirtió sobre el escenario y esa energía positiva se percibió entre el público y volvió a los músicos.

“Una coplita al viento y una buena señal... sabe que su destino de coplita es coplear”, canta Fernando. Y en un pasaje de la canción Tilín, como diría Tejada Gómez en su “Vendimia de la cueca”, “se le sube al dúo con una copa en la mano”.
Se suma el sólido percusionista Ricardo Vaccari y convierte a la formación en un “dúo de tres” que enciende aún más a la concurrencia, chacarera “Pintadita” mediante.
Con clima festivo, la cadencia los lleva a anunciar un “gatito cubano” que es interpretado con un cuatro venezolano pulsado por Tilín: “Pa' Las Catitas”, homenaje a su comprovinciano Leonardo Favio, quien, perseguido por la Triple A, solía refugiarse en ese pueblo mendocino.
“El amor puede salvar el brillito de tus ojos” asegura otra canción.
Pese a que se brinda -y tupido- en ese escenario, cabe el espacio para tomar conciencia: -“El vino en su justa medida es un tónico. Pero, cuando se pasa del límite es un tópico”, advierte Tilín.
La advertencia precede a la cueca “Soltando coplas” y ésta, a su vez, a la bella tonada “Pulpa”, que presta su nombre al segundo disco.
Siguen las tonadas dedicadas a los presentes, al mejor estilo de las reuniones en Mendoza, San Luis o San Juan: “Los días viejos que se van perdiendo entre las horas de febrero”, se escucha melodioso.
Sin embargo, no se advierte que tales ofrendas sean pagadas como corresponde.

Intentan por la cueca y relatan “cómo corren los dos perros bajo el aguacero, bajo el aluvión” tras birlar un costillar en una obra que reconocen autorreferencial. -“Acá no hay metáfora”, aclaran. “Somos nosotros”.
Como siguiendo el mandato del recopilador mendocino Alberto Rodríguez que en su Cancionero del 1938 rescataba que en Cuyo “no había cueca sin gato”, atropellan con “La Margarita”: “¡muchachos a los botes que se está hundiendo!”.

Imprevistamente, Fernando se levanta y con el pretexto de escuchar cómo canta su compadre, se ubica a un costado del escenario y, pese a las actuadas quejas de Tilín permite que el ambiente se torne más íntimo aún y el notable instrumentista muestre además sus dotes cantorales en “Como la finca”, según desliza.
Cuando todo “vuelve a la normalidad” y cantor y percusionista retoman su lugar y recrean “Tordo Viejo”, de Rafael Arancibia Laborda y Juan Francisco Fruttero, que además les permite mostrar las incidencias de una cueca con la debida interrupción para el aro ya entrada la segunda.
El despliegue de energía ha sido tal que Tilín, que lleva la melodía, necesita secarse el sudor y lo hace con una breve toalla a tono con su remera.
-“Parecés Federer, gordo”, dispara Barrientos. La ocurrencia da lugar al “set de aros” que protagonizará Ricardo Vaccari, el percusionista: “Me gusta el olor a pata, dijo un pato. Y el zorro dijo… ¡se va la segunda!”

La música nos vuelve al desierto “junto a una puesta de sol” y abre la puerta a un valsecito que estará incluido en el nuevo disco.
Sin quererlo –o queriendo- el momento ha marcado el comienzo de la degustación de su material color malbec. O cabernet, quién lo sabe.
Si se tiene en cuenta que desde 1968 existe sólo un “Álbum Blanco”, que fue el de Los Beatles, se impone un tiempo en el que es preciso, justo y hasta necesario que se dé a luz a un “Álbum Tinto”. Y Orozco Barrientos lo saben, lo sienten y obran en consecuencia.
El público se deleita al escuchar la cueca de Palorma: “La refranera”. Y las palmas acompañan al gato “Los ojos del amor”, con el que formalmente se cierra el show.
Lo que viene es conocido. Palmas para que los músicos regresen al escenario. Éstos que no se hace rogar, gustosos, sacan “un conejo de la chistera”: y suena una versión desgarradora de “Maturana”, con el correspondiente recuerdo al Chango Farías Gómez.
Y como si no se hubiese ofrecido lo mejor, se escucha el consagrado Celador de sueños. “Para Mercedes, la más grande”, como si hiciera falta la aclaración.
Y otra vez el rito: ovación. Las palmas son acompañadas por el percusionista. Vuelve el dúo. Y de postre, cueca y gato para variar. Pero de esas que hacen emocionar: “Póngale por las hileras”, de Félix Palorma, y “El Marucho”, de Hilario Cuadros.
El aplauso se cierra sobre el escenario pero se sabe que esta vez no regresarán.
Los mendocinos han vuelto a hacer pata ancha en Buenos Aires. Y se sorprenden. Y agradecen, todavía incrédulos. 
Un público agradecido los despide con plamas acompasadas.
Acaso pidiendo que vuelvan. Pronto.
Y con su “Álbum Tinto” terminado.
Para tomárselo todo. ¡Salud!
F.P.

Escuche los domingos de 15 a 16 El Aire de Aquí
con los Herederos del Cuyum. Conduce Fernando Pedernera
por la FM 98.7 Radio Nacional Folklórica
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